Raro me pareció cuando me pidió que nos juntáramos en la sala de insectos del Museo de Ciencias Naturales de la Quinta Normal. Ahí estaba, sentado junto a los lepidópteros.
Me dijo que necesitaba salir de la crisálida como las mariposas, que no podía vivir una vida en la que no pudiera abrir sus alas, me dijo que dentro de él se escondían miles de formas y colores, que ya no podía esconderse mas, me dijo que era gay.
Después de eso, creo que no escuche nada más de lo que decía, solo me quede allí, sintiendo exactamente lo que la bella Eroeessa chilensis sintió cuando atravesaron su corazón, la metieron en alcanfor y archivaron para siempre.
Caminé otoñalmente por la Quinta Normal y sólo deje de llorar en Huérfanos con Esperanza , lo que sentí como un presagio.
lunes, 4 de enero de 2010
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